El nuevo Pentium D de Intel trae una nueva sorpresa al mercado de los chips: incluye una tecnología para hacer posible un sistema de protección anticopia de la mano de Microsoft. Es decir, que Intel se dispone a vendernos un ordenador que a veces obedecerá a terceros, en lugar de a su propietario.
Tal vez este sistema sí que podría acabar con la copia ilegal de material con copyright.

Como la historia ha demostrado reiteradamente, la protección anticopia basada en cerrojos de software no funciona. Pregúntese si no a los fabricantes de reproductores de DVD, o mejor aún, a los de videojuegos. Todo código que pueda programar una empresa, alguien en Internet lo acaba por reventar. Y de poco sirve la legislación que prohibe hacerlo, a lo más que puede aspirar un programa de DRM (gestión digital de derechos) es a sobrevivir algún tiempo en la jungla hasta que el oportuno ‘crack’ aparece. La única forma de obtener un sistema razonablemente a prueba de copias es integrar los cerrojos en el cuerpo del ordenador; en sus propios microchips. Es la vía que ha hecho ricos a los fabricantes de consolas de videojuegos: ordenadores dedicados y no estándar, que dificultan (no imposibilitan, pero dificultan) el copiado de juegos.

Este tipo de procesadores están fabricados para morir en el mismo almacén donde se les dió la vida. Nadie en su sano juicio comprará un Pentium D, si de verdad sale al mercado con limitaciones. Si Intel sabe lo que le conviene, ya se ocupará de que estas limitaciones se puedan desbloquear con facilidad, por la cuenta que les trae. No tendría sentido que una compañía tan distinguida fuese la primera víctima de una guerra que no es la suya.